Volvieron a casa. Cerca de 100 años tuvieron que pasar para que las piezas arqueológicas encontradas en Machu Picchu, por Hiram Bingham, fueran devueltas por la Universidad de Yale al Perú. Aunque solo han sido 366 piezas de las 46 mil que fueron llevadas a Estados Unidos.
En dos salas. Las piezas están ubicadas en varias vitrinas al alrededor del salón Tupac Amaru y el salón Dorado. Ambas salas albergaron exposiciones anteriormente. Tuvieron entre sus columnas y paredes las muestras del Señor de Sipán, los mantos Paracas y lo que se llamó la exposición de los metales. Y estas dos salas son tan prestigiosas como ostentosas, que los guías ni siquiera saben el estilo arquitectónico en el cual fueron construidos.
La mayoría de los objetos expuestos son jarros y vasijas, puro ceramio Inca. Pero lo que se lleva la atención de todos, son los restos del esqueleto, incompleto, de una niña de 15 años. Medía un metro con 49 centímetros que al parecer murió de alguna enfermedad, ya que no se encontró ningún indicativo de agresión por lo que se descarta que haya sido asesinada o sacrificada.
En el recorrido de la exposición escucharás las siguientes frases: “Señores apúrense, mirando y circulando…” y no te dan ni dos minutos para apreciar la muestra. “Podrán tomarse fotos al salir”, lo que significa que lo hagan en la calle. “Señor lo que esta leyendo lo tiene el folleto, avance…”, cuando gran parte de los visitantes se detienen a leer los banners informativos que se encuentran a un lado de los objetos expuestos.
Lo curioso de la muestra no es la gran masa que va a apreciar la exposición, que llegan a ser hasta 22 mil personas por día. Es que a pesar de los indicativos, en la entrada del Palacio de Gobierno, de no usar cámaras fotográficas, ni de comer y que ni siquiera se deben apoyar en las vitrinas que contienen las muestras, son respetadas por los visitantes, quienes terminan ignorando todo esto.

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