domingo, 12 de junio de 2011

ESTOY EN LA VILLARELAX

Dos años y medio de estudios en esta universidad no pueden describir quizá, todo lo que sus paredes han visto transcurrir en más de 50 años. Desde escolares aristócratas hasta universitarios de todas las clases. Desde maestros ortodoxos hasta catedráticos de mente abierta. Así de simple, por complejo que parezca, es “la Villarreal”.  
La única universidad en el corazón de Lima, no es tan difícil de encontrar. La avenida Colmena que la vio nacer, alberga desde ambulantes hasta vendedoras y vendedores del placer al paso. Bares y antros para todos los gustos. Incluso para los más creyentes, la Parroquia Santo Toribio, más conocida como La Inmaculada, está a su costado.
De día parece tranquilo, pero no  hay que confiarse. A unas cuadras está la Plaza Dos de Mayo y las marchas o movilizaciones son pan de cada día. Es el centro de todo y todos. Hay más riqueza informativa que en cualquier otro lugar. ¿Dónde puedes ver convivir a prostitutas con comerciantes a la luz del día? ¿Dónde a trabajadores ambulantes y estacionamientos de colectivos con bares de a sol? ¿Dónde a travestis de todos los colores un lunes por la mañana caminando a las puertas de la universidad? Sólo en los alrededores de “la Villa”.
Fotocopias por doquier, el negocio más rentable, a decir verdad; todos quieren alguna y por más barato que parezca la ganancia es cuantiosa. ¿Alguien se ha detenido a sacar cuentas? Yo sí, vivo mi vida calculando precios, ingresos y egresos. No soy un genio en las matemáticas pero si me dispuse a sacar cuentas sobre ello y me llevé una grandiosa sorpresa. Ese 0.03 céntimos por insignificante que aparente se convierte en cientos de soles al día.
Yo la llamaría la universidad del rojo-marrón. Casi todos sus ambientes hacen juego con esta combinación de color. Su fachada, sus puertas, sus paredes, todo combina perfectamente con el blanco; con el paso de los años echo crema o el marrón que ahora luce naranja.
Quizá sea la única, no lo sé, pero estoy segura, que no hay otra universidad que conserve aún el estilo barroco de la vieja Lima. Tan vieja es, que mantiene los pabellones de largos pasadizos con barandas de madera o metal labrado que parecen desfallecer ante el choque de las manos. Aulas de techos tan altos como de más de tres de metros que minimizan hasta el más de la clase, ni que decir de los bajos de estatura como yo. Que no puedo evitar sentir escalofríos cada vez que cruzo sus pasadizos.
Nos tachan de apristas. Y a quién no le ha pasado. Te preguntan dónde estudias, les respondes Villarreal y te dicen, “ah! apristas” y no hay cura para ello. Aunque no todos piensen igual. Lo único cierto es que el busto dorado que resalta en medio de la entrada principal de la universidad es más que delator. Víctor Raúl Haya de la Torre, es la identificación.
El que llega temprano está “ganado”. Te cruzas con estudiantes ansiosos, apurados y preocupados por entrar lo más antes posible. Nadie quiere llegar tarde. El vigilante que en pocas ocasiones son dos, curiosamente incrementan la angustia, al solicitar en la entrada el carnet universitario y a más de uno le ha pasado, que por apurado no se ha percatado  del piso recién encerado y ha caído al suelo. Y sí que duele. Las mujeres son las más afectadas, nunca falta un ¡cuidado! Debería haber un letrero que diga, piso encerado, no llevar tacones o no correr. En fin a todos nos pasa.
¿Quién no recuerda su primer día en “la villa”? Yo sí y perfectamente, y lo tendré siempre presente. Desorientados, perdidos, nerviosos, impacientes, tímidos, en fin, ahora “cancheros”, orgullosos, contentos, seguros, menos impacientes, pero cada vez más modernos en todos los sentidos. Porque también la universidad es una pasarela, desde maestros y personal administrativo hasta los propios estudiantes. Todos tienen un estilo, un look, algunos más rebeldes, otros un poco más atrevidos, no faltan los cándidos, los deportistas, y también los formales.
No cabe duda que cuando el grupo ochentero de Río cantaba “estar en la universidad es una cosa de locos” el que menos se siente identificado. Y cuando los No Recomendable le canta a la “villarelax” - porque sí, Villarreal tiene una canción – gran parte de lo que dice la letra no se aleja de la realidad: “…Porque estoy en villarelax, en Villareal; en una vil realidad”. (Raquel Tineo Ramos)

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