Te recibe una cabeza dorada que está suspendida en el aire. Te ofrece tres caminos, todos dirigidos hacia delante. Puedes ir por el centro, la izquierda o la derecha. Me recibe con aire funesto, me invita a saber quien es este personaje, que sin decir nada me ordena preguntarle quién es.
Pómulos saltados, seño fruncido y no se sabe si mira hacia delante o hacia abajo, porque no tiene ojos, solo están delineados.
Si decido ir por la izquierda, encontraré tres escenarios de batallas de reyes y peones, tres cuadriláteros con los puestos de combate donde se supone se sitúan los almirantes en cada cuadrante.
Estos preceden a una gran lanza de más de dos metros de altura. Son leones, pumas, semidioses, todos de piedra. Todos están en esta lanza. Se encuentra por delante de los cuadriles rodeado por diminutos bosques.
Si quiero ir por la derecha, el escenario es muy distinto y similar a la vez. Encuentro un escudo que atrapa a un ser antropomorfo, de grandes colmillos y pequeñas piernas. Tiene muchos ¿cuernos?, ¿brazos?, no se que son esas especie de tentáculos que salen de casa costado de su cabeza.
Lo que sé de él es que es un ser igual de dominante que los anteriores, está casi escondido entre ramas y se encuentra dentro de una pileta, que nunca tiene agua.
En este camino también hay tres cuadriláteros, pero situados a un costado del escudo de forma horizontal, al contrario del camino de la izquierda que los cuadriláteros están de manera vertical frente a la lanza.
Pero, si quiero ir por el camino del centro. Es un camino donde los brillos del sol no llegan como en los dos anteriores. Tampoco tiene bosques diminutos.
Es un zigzagueante piso de cuadrados, es una cueva con muchas entradas a sus lados. Tengo que rodear a la cabeza del medio, la que tiene la sabiduría tatuada en las arrugas de la frente, para poder pasar por esta caverna de techo alto, donde al final se ve una luz, la misma luz que ven los recién muertos para llegar al descanso eterno, es la misma situación que tengo, en realidad el mismo sentimiento que tengo al pasar los dos minutos que me toma atravesar la cueva.
Todo es lo que tiene aquella entrada, con dos caminos más, circundantes de una sola curva, que te llevan a estar más cerca del cielo, donde tienen un número mayor de alternativas por donde ir, pero que solo son caminos y nada más, tienes que atravesarlos para llegar al mismo destino que te llevan los caminos de la tierra. Pero no tienen emoción, no hay aventura.
Esta es la entrada aquel sitio, esta seria la entrada si tuviese siete años, pero no los tengo, ya no manifiesto mis demonios creando mundos paralelos, ya no veo las cosas como un juego, menos en este sitio.
Me recibe el busto de Víctor Haya, está esculpida en bronce. Símbolo del aprismo, del antiguo izquierdismo peruano. Todo peruano puede reconocer a Víctor Raúl Haya de la Torre , todo el que sabe quien es por lo menos. Detrás de él, hay un pasadizo, con diversas oficinas, pasadizo que al final se encuentra en el patio central.
El camino por la derecha me lleva a un segundo patio donde hay tres mesas que tienen tableros de ajedrez y se encuentra una replica de la Estela de Raymondi, aquella muestra de la cultura Chavín.
A la derecha también hay tableros de ajedrez y árboles como en el escenario anterior. Allí se encuentra el lanzón monolítico, otro emblema de la cultura Chavín. Este es el tercer patio de la Universidad
Esta es la entrada que atravieso todos los días para llegar a mis clases en la Universidad Federico Villarreal. Aunque la mayoría de ocasiones me voy por una de las dos escaleras que están a los lados del busto de Haya de la Torre , por que me parece más tranquilo ir por ahí. (Antonio Seminario Arevalo)

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