Desde la puerta de la Villarreal , se contempla la avenida Colmena sin amor: colectivos escandalosos, edificios viejos y mal pintados, paredes regadas de orines y volanteros en cada esquina ¿En que momento se había jodido la avenida Colmena? Pienso y escribo parafraseando al Nobel Vargas Llosa en su obra Conversación en la Catedral.
Setenta años atrás la gente apresuraba el paso para apreciar la función del día en Le Paris, ir a tomar el té en el hotel Crillon, dejar a sus hijos en el colegio Inmaculada, o simplemente caminarpor Colmena, era una obligación casi diaria para todo aquel que se considerara un aristócrata de garbo y etiqueta.
Hoy, Jacinto llama las personas para que suban al colectivo hacia el Callao, Tamara se muestra asolapadamente tratando de encontrar clientes, Juanito vende el desayuno a los apurados y trasnochados. Ernesto, el serenazgo, intenta botar a los últimos borrachos que están tirados en la esquina y Williams agiliza su caminar para llegar a su universidad -la Villarreal-, premunido de su mochila y sus tres soles en el bolsillo.
Las personas cambian y las avenidas también. Sus personajes, se transforman, se modifican; sus construcciones, envejecen y en su lugar se construyen otras más modernas, pero su encanto melancólico se mantiene.
Lo que antes era el cinema más exclusivo, hoy es un cine porno donde se exhiben las más afiebradas posiciones eróticas. Lo que antes era una casa señorial, ahora es un burdel barato y peligroso. Lo que antes fue un bar de intelectuales renombrados, hoy es una cantina de dipsomanos austeros. Lo que antes fue un aristócrata colegio de jesuitas, hoy es una universidad pública.
Lo que antes intento ser un boulevard donde la modernidad y la elegancia, caminaran de la mano, hoy es una avenida histórica y convulsionada, escenario de huelgas y manifestaciones, de robos y griteríos. Una avenida por cuyas veredas, caminan oficinistas, obreros, ambulantes, catedráticos y estudiantes. Todos bajo el cielo grisáceo de Lima, que de tanto en tanto nos recuerda, como dice el dicho, que todo tiempo pasado fue mejor. (Joel Peralta Gallardo)
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