jueves, 16 de junio de 2011

Fusión musical

El último viernes sentí que era niño de nuevo.  En un espacio donde había vendedores de anticuchos , sándwiches de pollo e incluso pastel de choclo; observé a una señora de baja estatura y con cabello canoso, quien con un pequeño palo, apoyado en su hombro, vendía ese producto que años  atrás comía en cada salida con mi madre. Colgado en una bolsa transparente y de color rosado, el algodón dulce me produjo muchos recuerdos. Lo compré, lo comí y  recordé que estaba en un lugar atípico para vender dicho producto: La Plaza San Martín.
Eran las siete de la noche. Jóvenes, niños y adultos llegaban poco a poco.  Pero ¿qué de nuevo presentaba la Plaza? En un lado se había colocado un escenario donde músicos se preparaban para tocar. En la parte inferior la multitud aumentaba con el transcurrir de los minutos.  Era evidente que un espectáculo artístico estaba a punto de iniciar y los ambulantes no perdieron la oportunidad de vender sus productos.
La música empezó a escucharse y con ella el trasfondo de este concierto. Volantes de un candidato presidencial llegaron a mis manos. Les di una ojeada rápida, los guardé en mi bolsillo y continué caminando por los alrededores de la plaza.  En una esquina, una mujer con polo blanco regalaba pulseras de tela con el logo de Gana Perú. Banderas del mismo color y personas a la espera de la llegada de Ollanta Humala.
El espectáculo lo abrió un personaje vestido de negro con una máscara blanca. Aludía a una representación de la muerte. El tumulto hizo un pequeño silencio cuando empezó a recitar un poema, el cual manifestaba su posición frente a un cambio que llegará, si es que el candidato nacionalista asume el poder.
Luego de esta pequeña declamación, el público aplaudió de manera efusiva. La fiesta iniciaba y el rostro del personaje fue develado. Detrás de la máscara blanca se encontraba el actor Jean Pierre Vismara quien continuó su presentación con el tema de campaña de Gana Perú.
Mientras la primera presentación culminaba, los asistentes degustaban las diversas alternativas que se ofertaron. Al algodón dulce se le sumaron las manzanas acarameladas y los cigarros para controlar el frío.
En un momento inesperado una voz salió a través de los parlantes. Un nuevo ritmo hizo su aparición. Un treintañero con lentes negros y ropa de diario, subió al escenario. El rock  de Rafo Raez dijo presente y puso de pie a los más jóvenes, quienes se movilizaron hasta el Centro de Lima para manifestar su apoyo a Humala.
El público se encontraba emocionado y tras un breve receso luego de la presentación de Raez fue el turno de Manuelcha Prado quién generó  admiración en los espectadores por los temas que tocó y por la genialidad que mostró en la guitarra. Prado cantó en contra de la dictadura.
El reloj bordeaba las nueve de la noche y fue el turno de escuchar a uno de los grupos de fusión que asistirían al evento. Llegó el turno de Delpueblo Delbarrio quienes hicieron saltar y bailar a la multitud.
Pasado quince minutos una camioneta negra, con seguridad a los costados, se estacionó debajo del escenario. Me acerqué y noté que los  agentes de seguridad pedían a los curiosos que se alejaran para dejar campo libre antes de la subida de Ollanta.
A las nueve y quince la alegría transmitida por Delpueblo Delbarrio se detuvo por un breve momento, antes que el personaje más esperado de la noche subiera al escenario. El hombre en mención no era nadie más que Ollanta Humala. Fue recibido con gran ovación del público presente. Se dedicó a no explotar el lado político de su visita y sólo atinó a saludar a los asistentes y en especial los jóvenes que lo han apoyado hasta la fecha.
Transcurrido unos minutos, Humala regresó a su camioneta. Acompañado de su seguridad personal se retiró rumbo al sur de Lima. Su esposa Nadine, siempre con una sonrisa en su rostro, lo acompañó en todo momento. El auto marchó y la pareja se alejó con la euforia de los asistentes.
Muchos de los asistentes se retiraron, entre los que me incluyo, con la aceptación de haber presenciado un espectáculo distinto a lo que muchas veces ofrece la política. Sus detalles hicieron que el último viernes sintiera que era niño de nuevo. (ARAMIS CASTRO RAMOS)

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