domingo, 12 de junio de 2011

OASIS

Una virgen te da la bienvenida. Y no es para menos, sus verdes jardines, las paredes pintadas con entusiasmo y alegría juvenil, los corredores llenos de risas, la pulcritud del lugar, un ambiente acogedor contrastado con un intenso cielo da la impresión de tener en frente un oasis. Pero un oasis en medio de una Lima cada vez más desgastada y sucia, donde todos corren y nadie conoce a nadie.

La sede central de la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV) es uno de los lugares más acogedores que conozco y aunque su función no es precisamente relajar ni entretener. La primera vez que entré a rendir mi examen de admisión toda la tensión desapareció, el canto de los pájaros y el rítmico movimiento de las hojas al viento generaron en mi mucha tranquilidad.
No ingresé. Pero a partir de ese día sabía que al llegar a dicho lugar, luego de recorrer un bosque de cemento como es el centro de Lima, me esperaría la serenidad y el entusiasmo.
Pasaron cuatro años y el anexo 10 sigue tal cual, como si los años no pasaran por él. Quizá la infraestructura no sea la mejor y las deficiencias tecnológicas, académicas y administrativas se agudicen por momentos y por otros se repongan, pero ese no es un impedimento para que la alegría de la naturaleza se imponga y continúe ambientando el lugar.
Al parecer el alma juvenil nunca abandonó esta casa de estudios que año tras año recibe a cientos de jóvenes quienes ven en esta universidad uno de los caminos para salir adelante. Hace 80 años el anexo 10 de la UNFV cobijó al colegio de padres jesuitas “La Inmaculada” donde se educaba la crema y nata de la sociedad limeña de ese entonces. (Liz Huillca Llamocca)

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